Una receta que también guarda memoria
Hay algo muy bonito de tener una cafetería: poder compartir con otras personas cosas que para nosotros significan mucho más que una receta.
Para mí, la colada morada siempre ha sido familia.
Es recordar a mi abuela preparándola en casa. El olor de la fruta y las especias, la cocina ocupada, todos esperando para probar. Y, sobre todo, esa sensación de que la colada morada no se hacía simplemente para tomarla: se hacía para compartirla.
Con los años entendí que esas pequeñas cosas también construyen nuestra identidad. Son sabores que nos recuerdan de dónde venimos y lo hermoso que es Ecuador.
Cuando empezamos a preparar nuestra propia colada morada en JAE, nunca quisimos hacer algo complicado ni convertir una tradición en algo que dejara de sentirse cercano.
Queríamos hacer nuestra versión, pero sin perder su corazón.
Y llegar a ella tomó tiempo.
Hubo pruebas que salieron increíbles y otras que definitivamente no. Cambiamos cantidades, mezclamos frutas, probamos especias, regresamos a recetas anteriores y volvimos a empezar. En medio de todo eso estaba la receta y la memoria de mi abuela, pero también lo que mi hermana dejó durante su paso por JAE y lo que nosotros hemos ido aprendiendo y creando con los años.
Hasta que un día dejó de ser simplemente una receta de colada morada y se convirtió en la colada morada de JAE.
Hemos tenido la alegría de recibir reconocimientos por ella en años anteriores, y claro que nos hacen felices. Pero cuando llega esta época, hay algo que para mí vale muchísimo más:
poder prepararla nuevamente.
Porque preservar una tradición no significa que todo tenga que quedarse exactamente como era.
También podemos evolucionar, experimentar, crear y poner algo de nosotros en ella. Lo importante es no olvidar de dónde viene.
Eso es algo que quiero que JAE sea cada vez más: un lugar donde la innovación y la tradición puedan sentarse en la misma mesa sin complicarse.
Donde podamos crear cosas nuevas y, al mismo tiempo, seguir hablando de nuestras frutas, nuestros sabores, nuestras familias y nuestras costumbres.
Porque quizá preservar lo que somos también es eso: tomar lo que recibimos de quienes estuvieron antes, cuidarlo, hacerlo nuestro y compartirlo con quienes vienen después.
Nuestra colada morada tiene fruta, especias y mucho trabajo detrás.
Pero para mí también tiene un poquito de mi abuela, de mi hermana, de nuestra familia, de JAE y de Ecuador.
Y creo que por eso cada año volver a prepararla se siente un poquito como volver a casa. 💜

