Día Internacional del Café: celebrar una taza también debería hacernos pensar
Hoy, 1 de octubre, celebramos el Día Internacional del Café.
Y podríamos hablar de aromas, variedades, métodos, notas sensoriales o de esa sensación maravillosa que produce una buena taza de café.
Pero quizás hoy también deberíamos hablar de algo más profundo.
De todo lo que tuvo que pasar para que esa taza llegara a nuestras manos.
Porque el café puede ser hermoso, pero su realidad también es compleja.
Una taza nunca empieza en una cafetería
Antes de un espresso perfectamente extraído, antes del arte latte, antes de elegir entre un V60 o una Chemex, hubo tierra.
Hubo una planta que necesitó años para producir.
Hubo alguien que sembró, cuidó, podó, fertilizó y esperó.
Hubo una cosecha.
Hubo manos seleccionando frutos, procesos de fermentación, lavado o secado. Hubo decisiones, conocimiento, riesgo, clima, transporte, almacenamiento y finalmente tueste.
Y solo mucho después aparecemos quienes preparamos y servimos esa taza.
A veces, como consumidores, vemos los últimos cinco minutos de una historia que tomó meses —incluso años— en construirse.
Y quizá por eso hablar de café de especialidad también debería significar aprender a mirar hacia atrás.
Los números detrás de una bebida que amamos
El café sostiene los medios de vida de hasta 25 millones de agricultores y sus familias alrededor del mundo, y se estima que los pequeños productores representan hasta el 80% de las fincas cafeteras del planeta.
Sin embargo, esa enorme importancia productiva no significa necesariamente que el valor generado por la industria se distribuya de manera equilibrada.
La FAO señala que buena parte del café sale de los países productores en etapas tempranas de la cadena de valor, por lo que una parte importante del valor agregado termina generándose fuera del país donde el café fue cultivado. También advierte sobre las asimetrías en la distribución de ingresos dentro de la cadena.
Y hay un dato todavía más difícil de ignorar: de acuerdo con la FAO, millones de pequeños productores cafeteros viven con ingresos extremadamente bajos. En 2025, su Director General señaló que alrededor de 5,5 millones de pequeños caficultores vivían con menos de USD 3,20 diarios.
Entonces vale la pena preguntarnos:
¿Qué estamos celebrando cuando celebramos el café?
Y entonces hablemos de Ecuador
Somos un país productor.
Y creo que a veces nosotros mismos lo olvidamos.
Cuando pensamos en productos ecuatorianos capaces de representar al país internacionalmente, inmediatamente aparecen algunos nombres. El café todavía está construyendo ese espacio en el imaginario colectivo.
Pero tenemos algo extraordinario entre las manos.
Tenemos diferentes alturas, microclimas, territorios, variedades y productores experimentando con fermentaciones, procesos y nuevas formas de entender la calidad.
Y, sin embargo, nuestro sector cafetero sigue teniendo enormes desafíos.
Las cifras oficiales publicadas por el Ministerio de Agricultura para 2024 registran alrededor de 23.402 hectáreas de café, una producción de 6.530 toneladas de café oro y un rendimiento promedio de 0,35 toneladas por hectárea.
Para mí estos números no son simplemente estadísticas.
Son una invitación a preguntarnos qué papel queremos que tenga Ecuador en el futuro del café.
Porque producir café no es suficiente.
Tenemos que aprender a valorarlo, consumirlo, transformarlo, comunicarlo y llevarlo al mundo desde el origen.
Consumir local no es una frase bonita
Cuando elegimos un café ecuatoriano trazable, cuando preguntamos quién lo produjo, cuando conocemos su provincia, su finca o su proceso, empezamos a cambiar nuestra relación con lo que bebemos.
Y cuando ese café además se tuesta, transforma, empaca, prepara y comercializa en Ecuador, estamos generando oportunidades para que una mayor parte del conocimiento y del valor agregado permanezca en nuestro país.
No significa que una compra individual vaya a solucionar todos los problemas de una industria.
Pero sí significa que nuestras decisiones tienen consecuencias.
Cada dólar que gastamos es también una pequeña decisión sobre qué cadenas productivas queremos fortalecer.
Por eso creo profundamente que consumir local también es una forma de construir país.
Hay otra conversación que ya no podemos evitar: el clima
El café también está enfrentando uno de los mayores desafíos de su historia.
El cambio climático está modificando temperaturas, lluvias, ciclos productivos, presencia de plagas y las condiciones en las que determinadas variedades pueden desarrollarse.
La FAO ha advertido que hasta el 50% de las actuales zonas productoras de café podrían dejar de ser aptas hacia 2050.
Eso debería importarnos incluso si nunca hemos pisado una finca cafetera.
Porque detrás del café que damos por sentado todas las mañanas existe un sistema agrícola vulnerable.
Y proteger ese sistema requiere investigación, mejores prácticas agrícolas, precios que permitan invertir, relaciones comerciales sostenibles y, sobre todo, consumidores más conscientes.
En JAE también seguimos aprendiendo
Escribo esto no desde un lugar de perfección.
Todo lo contrario.
Construir JAE Café Design ha sido probablemente una de las curvas de aprendizaje más grandes de mi vida.
Nos hemos equivocado.
Hemos aprendido.
Hemos cambiado cosas que creíamos que estaban bien.
Hemos escuchado.
Y todavía tenemos muchísimo que mejorar.
Por eso, en un día como hoy, también quiero agradecer a las personas que han permanecido con nosotros durante ese proceso.
A quienes regresaron después de un error.
A quienes nos dijeron lo que podíamos hacer mejor.
A quienes confiaron en nosotros cuando todavía estábamos aprendiendo.
A nuestro equipo, que todos los días pone manos, cabeza y corazón en este proyecto.
A los productores que han confiado en que podamos contar la historia de sus cafés.
Y a cada persona que entra a JAE y decide tomar un café ecuatoriano.
Gracias.
Porque una cafetería no se construye únicamente con café.
Se construye con confianza.
Nuestro sueño tampoco termina en una cafetería
Hoy estamos en un momento de evolución.
Queremos seguir aprendiendo, tostando, educando, trabajando directamente con productores y descubriendo cafés de distintas provincias del Ecuador.
Pero queremos ir más lejos.
Sueño con que el café ecuatoriano pueda viajar por el mundo no solamente como materia prima, sino acompañado de su historia, su identidad, su conocimiento y su valor.
Sueño con que alguien pueda abrir una bolsa de café ecuatoriano en Nueva York, Londres, Toronto, Tokio o cualquier lugar del mundo y preguntarse:
¿De dónde salió este café?
Y que la respuesta sea Ecuador.
Que detrás de esa palabra exista el nombre de un productor.
Una finca.
Una comunidad.
Una historia.
Entonces hoy no quiero decir solamente “Feliz Día Internacional del Café”
Quiero decir:
Gracias, productor.
Gracias a quien cosecha.
Gracias a quien selecciona.
Gracias a quien procesa.
Gracias a quien transporta.
Gracias a quien tuesta.
Gracias a quien cata.
Gracias al barista.
Gracias a quien investiga.
Gracias a quien enseña.
Gracias a quien emprende.
Y gracias también a quien, frente a una carta de bebidas, decide preguntar:
“¿De dónde viene este café?”
Porque quizás allí empieza una transformación mucho más importante de lo que imaginamos.
El café puede ser una bebida.
Puede ser un negocio.
Puede ser una industria.
Pero también puede convertirse en una herramienta para generar conocimiento, empleo, identidad y oportunidades.
Y si hoy vamos a celebrar al café, celebremos también la responsabilidad que tenemos de cuidar su futuro.
Nos queda muchísimo por hacer.
Como JAE.
Como sector.
Como país.
Pero también tenemos algo extraordinario desde donde comenzar:
Ecuador produce café. Ecuador produce grandes cafés.
Ahora nos corresponde conocerlos, valorarlos, consumirlos y trabajar juntos para que el mundo también los conozca.
Feliz Día Internacional del Café.
Pero, sobre todo, gracias a todas las personas que hacen posible cada taza.
— Janina Vargas
Fundadora, JAE Café Design

