Que nadie se quede sin postre: por qué JAE también es una pastelería creativa

Soy una fan apasionada de los postres.

Me gustan de verdad. Los disfruto, los pruebo, los imagino y todavía hay preparaciones de JAE que podría comer una y otra vez sin cansarme. Para mí, la pastelería nunca ha sido un complemento del café ni algo que simplemente debía aparecer en una vitrina. Siempre ha sido una forma de crear, de sorprender y de regalar un momento de felicidad.

Pero detrás de nuestra manera de hacer pastelería también existe una historia muy personal.

Mi papá tiene diabetes.

Recuerdo que, cuando recibió su diagnóstico hace muchos años, la noticia nos afectó a todos. Al principio sentimos que todo era malo, que debía dejar de disfrutar muchas cosas y que la alimentación se convertiría en una larga lista de prohibiciones.

Con el tiempo entendimos que no era así.

Su diagnóstico no terminó con el disfrute. Lo que hizo fue transformar su estilo de vida, su cultura alimentaria y, de alguna manera, también la nuestra. Empezamos a mirar los ingredientes con más atención, a comprender mejor lo que comíamos y a descubrir que cuidarse no tenía que sentirse como un castigo.

Esa experiencia se quedó conmigo.

Una pastelería en la que más personas pudieran sentirse incluidas

Cuando nació JAE, uno de nuestros propósitos fue crear un espacio con una repostería más inclusiva.

Comenzamos explorando reemplazos para el azúcar y desarrollando postres sin azúcar añadida. También aprendimos a trabajar con ingredientes naturalmente ricos y llenos de sabor, que no necesitaban quedar escondidos detrás de cantidades excesivas de azúcar.

Después llegaron nuevas preguntas:

¿Podemos crear un buen postre con harina de almendras?
¿Podemos aprovechar la quinoa o diferentes variedades de maíz?
¿Podemos desarrollar opciones sin gluten que no se sientan como una versión triste del postre original?
¿Podemos reducir ciertos ingredientes sin renunciar a la textura, al equilibrio y al disfrute?

La respuesta fue sí, pero requería creatividad, pruebas y mucha técnica.

Con el tiempo también comprendimos que mi papá no era el único que buscaba este tipo de alternativas. Empezaron a llegar personas con condiciones alimentarias particulares, pero también clientes que simplemente habían tomado decisiones diferentes sobre su alimentación.

Algunas personas evitaban el azúcar.
Otras no consumían gluten.
Algunas buscaban ingredientes distintos.
Y otras solamente querían un postre equilibrado, bien elaborado y que no resultara excesivamente dulce.

Todas esas decisiones eran válidas.

Inclusión no significa que todos comamos lo mismo

Para nosotros, una pastelería inclusiva no significa crear un solo postre que funcione para absolutamente todas las personas. Eso sería poco realista: cada organismo, condición médica y decisión alimentaria es diferente.

La inclusión significa ofrecer alternativas, comunicar los ingredientes con claridad y permitir que más personas encuentren algo que puedan disfrutar de acuerdo con sus necesidades.

Por eso nuestra carta ha ido incorporando postres sin azúcar, sin gluten o sin azúcares añadidos, además de preparaciones elaboradas con ingredientes como almendras, quinoa y distintos maíces.

No buscamos presentar estos postres como productos medicinales ni afirmar que una preparación es adecuada para todo el mundo. Ante una condición de salud siempre es importante seguir las recomendaciones de un profesional y conocer los ingredientes de cada producto.

Lo que sí queremos es abrir posibilidades.

Queremos que una persona pueda sentarse con su familia o sus amigos y no tenga que quedarse mirando mientras los demás comen el postre. Queremos que pueda preguntar, conocer las opciones y elegir con tranquilidad.

Un postre diferente también tiene que ser delicioso

Hay algo en lo que nunca hemos querido ceder: el sabor.

Un postre no debería justificarse solamente porque no tiene azúcar o porque está elaborado con una harina diferente. Tiene que ser rico. Tiene que tener una buena textura, equilibrio y una identidad propia.

No queremos hacer postres exorbitantes ni convertir cada alternativa en algo innecesariamente complicado. Queremos crear sabores bien hechos y pulidos.

A veces el resultado será una preparación intensa y chocolatosa. Otras veces será un mousse ligero, un bizcocho elaborado con ingredientes diferentes o un postre en el que la fruta pueda expresarse sin quedar opacada por el azúcar.

Para nosotros, ahí está la creatividad: no en añadir elementos porque sí, sino en comprender cada ingrediente y permitir que cumpla una función.

La pastelería también puede integrar

Hoy entiendo que JAE es una pastelería creativa porque no partimos de una receta cerrada, sino de una pregunta:

¿Cómo podemos crear algo delicioso que también permita que más personas formen parte del momento?

La historia de mi papá nos enseñó a mirar la alimentación desde otro lugar. Nos mostró que cambiar ciertos hábitos no significa perder el placer y que una mesa puede ser mucho más bonita cuando existen alternativas para quienes la comparten.

Todavía amo los postres tradicionales. Todavía disfruto el azúcar, el chocolate, las cremas y todas esas preparaciones que despiertan recuerdos y emociones. La inclusión no consiste en decir que una forma de comer es mejor que otra.

Consiste en entender que no todos necesitamos ni elegimos lo mismo.

Por eso, en JAE, queremos que la creatividad también sea una forma de integrar.

Porque un buen postre no debería hacerte sentir diferente.

Debería hacerte sentir bienvenido.

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El café tiene que encontrar personas.