Me dijeron que un negocio se construye sola. Hoy pienso diferente.

Reflexiones sobre emprender, aprender y descubrir que crecer también significa conectar.

Cuando era más pequeña y empecé a imaginar que algún día tendría mi propia microempresa, recuerdo que una de las primeras cosas que escuché fue: “El negocio lo haces sola”.

Y bueno… ¡vaya consejo! Jajaja.

Durante mucho tiempo pensé que emprender significaba justamente eso. Tener una idea, trabajar muchísimo, resolver problemas, tomar decisiones y encontrar la manera de salir adelante, incluso cuando no sabes muy bien cómo hacerlo.

Y aunque hay una parte de verdad en eso, hoy, después de varios años construyendo JAE Café Design, puedo decir que mi manera de entender el emprendimiento ha cambiado profundamente.

Porque sí, fundé JAE sola. Pero nunca lo he construido sola.

Hay muchas personas detrás de una empresa

En estos últimos tres años he aprendido algo que parece sencillo, pero que a veces olvidamos cuando estamos concentrados en sacar adelante nuestro negocio: ninguna empresa existe únicamente por el esfuerzo de quien la fundó.

Detrás de JAE hay un equipo que todos los días trabaja para que las cosas sucedan. Hay productores que confían en nosotros, proveedores que nos acompañan, clientes que regresan, personas que nos recomiendan y otras que, con una observación o una conversación, nos han ayudado a mejorar.

También hay personas que nos han dado oportunidades cuando todavía teníamos mucho por aprender.

Y otras que nos han dicho cosas que quizás en ese momento no queríamos escuchar, pero necesitábamos.

Hoy entiendo que todas esas personas también son parte de nuestra historia.

Porque una empresa no se construye solamente con buenas ideas, inversión o muchas horas de trabajo. Se construye con relaciones, confianza, comunicación y, sobre todo, con la capacidad de aprender de los demás.

A veces, una conversación puede cambiar tu perspectiva

En los últimos años he tenido la oportunidad de participar en ferias, programas de formación, mentorías y espacios de conexión con otros emprendedores y empresarios.

Y cada vez regreso con algo nuevo.

A veces es una herramienta que puedo aplicar inmediatamente. Otras veces es una pregunta que me deja pensando durante días.

Y muchas veces es simplemente escuchar a alguien contar cómo resolvió un problema que yo también estoy enfrentando.

Recientemente, durante el Speed Mentoring de GET Forum, volví a experimentar esa sensación.

Compartir con mujeres empresarias, escuchar sus experiencias y recibir perspectivas diferentes me recordó cuánto valor existe en abrirnos a otras maneras de pensar.

No siempre necesitamos que alguien nos diga qué hacer. A veces necesitamos que alguien nos haga la pregunta correcta.

Esa pregunta que hemos estado evitando.

La que nos obliga a revisar nuestros números, nuestra estrategia, nuestras decisiones o incluso aquello que creemos estar haciendo bien.

Y eso también es crecer.

Aprender de quienes llevan más tiempo… y de quienes llevan menos

Algo que me parece maravilloso del ecosistema emprendedor es descubrir que siempre tenemos algo que aprender.

De quienes llevan veinte años construyendo una empresa, pero también de quienes comenzaron hace apenas unos meses.

Porque la experiencia no siempre se mide únicamente en años.

Hay personas que han encontrado maneras extraordinarias de resolver problemas, que utilizan herramientas que desconocemos o que simplemente ven oportunidades donde nosotros vemos obstáculos.

Y creo que ahí está una de las mayores riquezas de conectar con otros.

No se trata de comparar nuestros negocios ni de medir quién ha llegado más lejos.

Se trata de escuchar, compartir y reconocer que cada empresa tiene su propio camino, sus tiempos y sus desafíos.

Lo que funciona para alguien puede no funcionar para nosotros, pero siempre podemos llevarnos una enseñanza.

Y eso tiene un valor enorme.

También tenemos que aprender a reconocer lo que hacemos bien

Creo que quienes emprendemos podemos llegar a ser nuestros críticos más duros.

Siempre hay algo pendiente.

Una meta que no alcanzamos, un proceso que necesita mejorar, una decisión que deberíamos haber tomado antes o una idea que todavía no hemos logrado desarrollar.

Y sí, es necesario cuestionarnos.

Tenemos que aprender a mirar nuestros negocios con objetividad, reconocer nuestros errores y tomar decisiones difíciles cuando corresponde.

Pero también creo que necesitamos aprender a detenernos y reconocer nuestros avances.

Porque a veces estamos tan concentrados en lo que falta que olvidamos mirar todo lo que ya hemos construido.

En JAE hemos cometido errores. Muchos.

Hemos tenido momentos difíciles, hemos cambiado procesos, hemos aprendido a escuchar mejor y seguimos buscando maneras de ser más eficientes y sostenibles.

Pero también hemos logrado cosas que hace algunos años parecían lejanas.

Hemos construido relaciones con productores, desarrollado experiencias alrededor del café ecuatoriano, compartido conocimiento y formado parte de espacios que nos permiten seguir creciendo.

Y eso también merece celebrarse.

Ser autocríticos no debería significar ser incapaces de sentir orgullo por nuestro trabajo.

Hoy entiendo que conectar también es una forma de crecer

Durante mucho tiempo asocié el crecimiento de una empresa con vender más, abrir nuevos mercados, invertir en infraestructura o desarrollar nuevos productos.

Y sigo creyendo que todo eso es importante.

Tenemos sueños grandes para JAE. Queremos fortalecer nuestra operación, desarrollar nuestro propio laboratorio de tostado y llevar el café de especialidad ecuatoriano mucho más allá de nuestras fronteras.

Pero hoy entiendo que crecer también significa construir mejores relaciones.

Encontrar aliados.

Escuchar otras experiencias.

Compartir lo que sabemos.

Reconocer lo que todavía no sabemos.

Y tener la humildad de pedir ayuda cuando la necesitamos.

Porque no podemos ser expertos en todo, ni tenemos por qué serlo.

Lo importante es desarrollar la capacidad de identificar qué necesitamos aprender, qué herramientas pueden ayudarnos y con quiénes podemos construir algo mejor.

Una empresa puede comenzar con un sueño individual, pero su impacto es colectivo

Cuando pienso en JAE, pienso en aquella idea que comenzó con el deseo de darle mayor visibilidad al café ecuatoriano y a las personas que lo producen.

Ese propósito sigue siendo nuestro norte.

Pero hoy ese sueño es mucho más grande que yo.

Está en nuestro equipo, en los productores con quienes trabajamos, en quienes nos eligen todos los días y en todas las personas que, de una u otra manera, nos han permitido avanzar.

Y quizás esa sea una de las lecciones más bonitas que me ha dejado emprender.

Entender que no tengo que construirlo todo sola para sentirme orgullosa de lo que estamos construyendo.

Todavía nos queda muchísimo camino.

Nos faltan herramientas, aprendizajes, decisiones difíciles y seguramente cometeremos nuevos errores.

Pero también vendrán nuevas conversaciones, conexiones, oportunidades y personas de quienes aprender.

Y eso, lejos de asustarme, hoy me emociona.

Porque emprender sigue siendo un desafío enorme, pero también es un mundo extraordinario cuando entendemos que no tenemos que recorrerlo en soledad.

Me alegra profundamente que JAE sea parte de este ecosistema, que podamos aportar desde lo que sabemos y que tengamos la oportunidad de seguir mejorando con las herramientas y las personas que encontramos en el camino.

Y si pudiera regresar a conversar con aquella niña que soñaba con tener su propia microempresa, quizás le diría:

Sí, vas a tener que trabajar muchísimo. Vas a equivocarte, vas a tener miedo y habrá decisiones que solo tú podrás tomar.

Pero no, no vas a tener que hacerlo todo sola.

Y qué bueno que sea así.

Porque hoy sé que lo más valioso de construir JAE no ha sido solamente ver crecer una empresa.

Ha sido descubrir a todas las personas que han hecho posible ese crecimiento.

Con cariño,

Janina Vargas
Fundadora de JAE Café Design

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