Cuando JAE era solo una idea

Hoy vi una publicación que compartió nuestro equipo y me hizo detenerme unos minutos.

A veces estamos tan ocupados pensando en lo que sigue que olvidamos mirar hacia atrás.

Y cuando lo hice, me acordé de algo que pocas personas conocen.

El nombre JAE no lo escogí yo.

Lo escogió mi papá.

Hace algunos años le dije que quería abrir una cafetería de especialidad.

No tenía todas las respuestas.

No tenía experiencia administrando una cafetería.

No tenía claro cómo iba a funcionar.

Lo único que tenía era una convicción enorme de que quería intentarlo.

Y mientras yo soñaba con lo que podía llegar a ser, mi papá empezó a construirlo conmigo.

Literalmente.

Mi papá es arquitecto.

Y cuando digo que construyó JAE, no lo digo de forma simbólica.

Lo diseñó.

Lo pensó.

Lo dibujó.

Lo levantó.

Y entre conversaciones, planos, ideas y muchas dudas, apareció también el nombre.

JAE.

Por Janina Estefanía.

Tan simple como eso.

Lo curioso es que cuando comenzamos, yo pensaba que estaba construyendo una cafetería.

Hoy entiendo que estábamos construyendo algo mucho más grande.

Un espacio donde pudiéramos hablar de café ecuatoriano.

De productores.

De impacto.

De educación.

De comunidad.

De todo aquello que sentíamos que hacía falta contar.

No voy a decir que ha sido fácil.

Porque no lo ha sido.

Han existido momentos donde las cosas no salieron como esperaba.

Momentos donde parecía más sencillo renunciar.

Momentos donde las metas parecían demasiado lejanas.

Y, sin embargo, siempre había una persona que parecía ver más allá de lo que yo podía ver.

Mi papá.

Todavía recuerdo conversaciones después de la pandemia.

Momentos donde yo veía obstáculos y él veía posibilidades.

Momentos donde me repetía algo que hasta hoy sigue acompañándome:

"Lo peor es conformarse. Siempre se puede ser mejor."

Y aunque a veces no lo entendía en ese momento, con los años me di cuenta de que esa frase también terminó formando parte de JAE.

Porque JAE nunca nació para quedarse cómodo.

Nació para crecer.

Para aprender.

Para equivocarse.

Para volver a intentar.

Para demostrar que desde Ecuador podemos construir cosas con propósito.

Hoy el negocio todavía está lejos de todo lo que sueño.

Todavía hay metas enormes por alcanzar.

Todavía hay mucho trabajo por hacer.

Pero si algo tengo claro es que nada de esto existiría de la forma en que existe hoy sin mis padres.

Y especialmente sin un papá que decidió creer en una idea que en ese momento parecía un poco loca.

Quizás más loca que yo.

Y eso ya es bastante decir.

Cada vez que veo el logo de JAE recuerdo que detrás de esas tres letras hay mucho más que una cafetería.

Hay una familia.

Hay confianza.

Hay trabajo.

Hay fe.

Y hay una historia que empezó mucho antes de servir la primera taza de café.

Janina Vargas
Fundadora de JAE Café Design

Siguiente
Siguiente

El café y sus variedades: mucho más de lo que imaginas